Después de unas largas vacaciones, me gustaría empezar este nuevo curso con un artículo gratamente sorprendente.
Hace casi un año (octubre de 2014), la magnífica máscara de Tutankamón, conservada en el Museo de El Cairo, fue rota accidentalmente por un empleado del mismo al cambiar la bombilla de su vitrina. Dado el gran escándalo, el funcionario quiso arreglarlo, pegando la rota barba a la máscara con un pegamento de alta resistencia (resina apoxi).
Una vez expuestos los antecedentes, he podido leer en el periódico ABC, que el gobierno alemán ayudará a la correcta restauración de la máscara con 50.000 €. Una noticia que ha sido muy bien acogida en Egipto, según explicaba el ministro egipcio de antigüedades, Mamduh al Damati.
Este esperado proyecto se llevará acabo a través del Instituto Arqueológico Alemán y el Museo Central Romano-Germánico en Maguncia. A parte, la máscara será minuciosamente examinada por los medios técnicos más innovadores por primera vez en su historia.
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| Busto de Nefertiti. Museo Neues (Berlín) |
Este gran expolio se dio durante el siglo XIX y primera mitad del siglo XX, aprovechando la situación convulsa de algunos países, o la falta de leyes que protegieran dichas piezas.
Son muchos los países que han reclamado sus obras, y en muy pocas ocasiones se les han concedido. Es cierto que es un tema abierto a polémicas, pues por un lado los países que reclaman sus obras tienen el derecho de tenerlas, pues es parte de su historia e identidad. Por otro lado, los países que durante siglos han cuidado de ellas y le han dado un sitio destacado en sus museos, también tienen el derecho de conservarlas, porque en muchas ocasiones, las han salvado de su total destrucción.
No puedo dejar de acordarme de la reciente destrucción de la ciudad de Palmira, totalmente arrasada por la triste situación en Siria. Al pensar en ello, desearía que algún expoliador con gran corazón se la haya llevado hace tiempo piedra a piedra para poder exhibirla en algún museo, lejos de su país, pero totalmente sana y salva.

1 comentario:
Cuando he visto el título de tu nueva entrada, he pensado justo en Palmira.
Ojalá se la hubieran llevado del lugar, como muchas otras cosas que se están destruyendo... porque estamos perdiendo un sinnúmero de material histórico y artístico que no vamos a poder recuperar, qué pena...
A veces, los espoleos, por muy poco ético o legal que suene, han salvado muchas piezas de la destrucción.
Aunque sin duda, es un tema peliagudo.
Un besito y espero con ganas la siguiente.
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